Buddha, General, Soka Gakkai & Budismo Nichiren Daishonin

Sensei

mtfuji

 

¡Triunfen con valentía y convicción!
El diálogo es una sinfonía que nace de la interacción de vida a vida. A partir de este intercambio nace un ritmo dinámico de progreso, una armonía de mutua confianza y una melodía de límpida creatividad.

El destacado educador danés, Hans Henningsen, expresó una vez: “El diálogo adquiere su significado precisamente cuando las opiniones, puntos de vista y personalidades son completamente diferentes unos de otros”.[1]

Es necesario reunir coraje para iniciar un diálogo, pero cuando lo hacemos, abrimos el camino hacia la concordancia y el entendimiento mutuo.

De acuerdo con la visión ilimitada de la vida que enseña el budismo de Nichiren, toda persona posee inherente la naturaleza de Buda; todos encarnan la “posesión mutua de los Diez Estados” y “los tres mil aspectos contenidos en cada instante vital”. Como miembros de la SGI, entablamos diálogo con los demás, respetando la individualidad de cada persona, para compartir los ideales humanísticos que propugna el budismo Nichiren en bien de la felicidad y la paz de toda la humanidad.

Cuando nuestra fe y convicción en esta filosofía profundamente vital y positiva son firmes, podemos, con serenidad y espíritu dispuesto, abarcar y comprender a los demás, y mantener con ellos un valioso intercambio

En la obra Palabras y frases del “Sutra del loto” del Gran Maestro T’ien-t’ai dice: “Uno acepta [el Sutra del loto] gracias al poder de su fe, y continúa [manteniéndolo] gracias a su pensamiento constante”.[2] Nichiren Daishonin lo cita en una carta que envió a Shijo Kingo, quien se estaba consagrando de lleno a su práctica budista, en una región que actualmente pertenece a la prefectura de Kanagawa.

Nada puede superar el poder de la fe en la Ley Mística. Con ese férreo convencimiento, debemos expresarnos libremente y compartir nuestras convicciones con los demás, en bien del budismo, la felicidad de todos y el bienestar de la sociedad.

En una carta enviada a los hermanos Ikegami, quienes estaban enfrentando constantes retos a su fe, el Daishonin los exhorta a ambos a manifestar intrépidamente sus creencias y los alienta: “No sienta el más mínimo temor en su fuero interno”.[3]

Cuando nos concentramos profundamente en nuestra oración y compartimos valientemente la Ley Mística con otras personas, podemos conducir a nuestra familia y seres queridos por la senda de la eterna felicidad y victoria.

Mi mentor y segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, siempre se mostraba dispuesto a enfrentar desafíos cada vez mayores.

Los grandes retos nos brindan la oportunidad de llevar a cabo nuestra revolución humana y de transformar más rápidamente nuestro karma. Los desafíos abren ante nosotros el anchuroso sendero que conduce al logro de la Budeidad en esta existencia.

Una vez, al agradecer a los miembros por sus arduos esfuerzos, el señor Toda sostuvo: “Si perseveramos en la fe, se manifestarán claramente grandiosos beneficios en nuestra vida, y me refiero a beneficios en verdad extraordinarios. Quienes integramos la Soka Gakkai estamos firmemente comprometidos a realizar el kosen-rufu y a establecer la enseñanza correcta para la paz de la tierra. Por lo tanto, ¡compartamos nuestras convicciones sin la menor vacilación! El Gohonzon conoce todos nuestros esfuerzos. Si tomamos conciencia de este punto, ¿no sienten surgir la valentía de su fuero interior?”.

¡Esas palabras expresan el eterno e inmutable espíritu de Gakkai!

En setiembre de 1961, el Segundo Tifón Muroto (Súper Tifón Nancy) asoló mi amado Kansai. Pocos días después, viajé a Osaka para presentarme ante una sesión de la corte en relación con el Incidente de Osaka.[4] Por la mañana, antes de concurrir a los tribunales, me dirigí a las áreas afectadas, con la esperanza de poder alentar dentro de lo posible a nuestros miembros. Jamás olvidaré el modo en que tantos compañeros en la fe, en aquellos momentos, se dedicaron de todo corazón a auxiliar a las personas afectadas.

Una integrante del Departamento de Mujeres, quien desde aquella época se consagra de modo constante al diálogo sincero para alentar a quienes sufren y a colaborar con el bienestar de su comunidad, dijo una vez, con expresión risueña: “Aunque la persona a quien le hablemos sobre budismo pueda rechazarnos, su naturaleza interior de Buda nos está dando las gracias. Por esa razón, siento que jamás debo darme por vencida ante nadie, sino, por el contrario, tengo que seguir dirigiéndome al corazón de la gente. Quiero contribuir a que la mayor cantidad de personas posible establezca una conexión con la filosofía de vida de Nichiren Daishonin y lograr que disfruten de buena fortuna. ¡Triunfaré con valentía y gratitud mientras viva!”.

Con mi más profundo respeto, envío daimoku a todas nuestras dedicadas integrantes del Departamento de Mujeres, madres del kosen-rufu.

El Daishonin escribe: “Cuanto más grandes sean las dificultades que se abatan sobre él, mayor será su deleite, gracias a la fuerza de su fe”.[5] Fortalezcamos nuestra fe, cada vez más, transformando el sufrimiento en alegría y compongamos un himno resonante de victoria que llegue a todos los confines.

Sean osados para triunfar

en la vida,

con convicción tan inconmovible,

como el Monte Fuji.

(Publicado en la edición de julio de 2013 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

[1] Daisaku Ikeda y Hans Henningsen, Ashita o Tsukuru Kyoiku no Seigyo: Denmaku to Nihon

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